Crece el temor por una segunda ola de coronavirus en China, mientras Beijing lucha contra nuevos casos

El temor de una segunda ola de infecciones por coronavirus cobró fuerza en la capital de China cuando se descubrió un nuevo grupo de infecciones durante el fin de semana, concentrado en un mercado masivo de mariscos, carne y productos agrícolas ubicado en el distrito sur de Fengtai, en la ciudad.

Las autoridades de salud de Beijing informaron seis casos confirmados el sábado y 36 nuevos episodios el domingo, con ocho casos adicionales reportados el domingo por la tarde. Todas fueron infecciones de transmisión local, rompiendo una tendencia de meses en la cual China informaba mayormente casos importados de COVID-19, mientras que la transmisión local parecía estar en gran medida bajo control.

La situación es un claro recordatorio de que el virus puede regresar después de meses de aparente no propagación local, incluso en una de las ciudades más controladas de una nación que tomó medidas severas para detener la transmisión fronteras adentro y desde el extranjero.

La forma de infección de los nuevos pacientes sigue sin estar clara. Pero las autoridades chinas se concentran en los vínculos compartidos de los nuevos casos con el mercado de Xinfadi, un mercado mayorista en expansión que abastece a más del 70% de las frutas y verduras de Beijing, según informes de noticias locales. El sitio también incluye secciones mayoristas dedicadas a la carne de res, cordero y mariscos.

Dos de las personas recientemente infectadas son empleados del Centro de Investigación de Carne de China, ubicado en el mismo distrito. La mayoría del resto son trabajadores de Xinfadi (conductores, vendedores, repartidores) o contactos cercanos de empleados del mercado.

Xinfadi fue clausurado a las 3 a.m. del sábado, después de que al menos dos de tres pacientes hallados el jueves y el viernes informaron haber visitado el lugar. Patrullas policiales fueron enviadas al mercado, al tiempo que las autoridades destinaron guardias para aislar a 11 comunidades alrededor del lugar y cerrar nueve escuelas y jardines de infantes que ya habían reanudado las clases.

Al menos 139 contactos cercanos de las personas recién infectadas fueron puestos en cuarentena.

Hasta el mediodía del sábado, las autoridades de Beijing habían recolectado más de 5.000 muestras ambientales de los principales mercados mayoristas de la ciudad, según informaron, entre ellas 1.901 hisopados de pisos, mesas, productos, picaportes, cestos de basura y otras superficies en Xinfadi.

En la provincia nororiental de Jilin, fronteriza con Rusia y Corea del Norte, se han registrado al menos 30 casos en la última semana. La ciudad de Shulan ordenó retomar la cuarentena tras elevar de “medio” a “alto” el nivel de riesgo.

 

 

Cuarenta de las muestras tenían rastros de coronavirus en Xinfadi, incluso las tablas usadas para cortar salmón.

Los principales supermercados de Beijing sacaron el salmón de sus estantes durante la noche. Algunos restaurantes se negaron a vender artículos con ese pescado el sábado.

Las autoridades pusieron en marcha pruebas masivas en el distrito de Fengtai el sábado, y exigieron a los trabajadores del vecindario que llamaran uno por uno a los residentes, buscando a cualquiera que hubiera visitado Xinfadi en los últimos días. Más de 10.000 trabajadores del mercado y contactos cercanos serán evaluados en los próximos días, al igual que cualquier persona en Beijing o la ciudad vecina de Tianjin y la provincia de Hebei que haya estado en el mercado o tenido contacto cercano con algún concurrente desde el 30 de mayo.

Se prohibieron el turismo y los eventos deportivos; también se cerró una estación de autobuses de larga distancia cerca de Xinfadi. El plan para permitir que los estudiantes de Beijing de primero a tercer grado reanudaran las clases este lunes quedó descartado.

Beijing, hogar de la mayoría de las élites de alto rango del país y funcionarios del partido comunista, impuso algunas de las restricciones más estrictas por el COVID-19 en China y fue una de las últimas en flexibilizarlas. Durante meses, los vuelos internacionales fueron redirigidos a ciudades cercanas, y los pasajeros debían ser examinados y permanecer aislados durante 14 días antes de poder ingresar a la ciudad.

Finalmente las restricciones se habían flexibilizado este mes, después de que las pospuestas Dos Sesiones -las reuniones políticas anuales más importantes de China- tuvieran lugar, a fines de mayo. Tres mil delegados de todo el país fueron evaluados y aislados antes de poder asistir, mientras que los pocos periodistas a quienes se les permitió la entrada sólo pudieron acceder después de haber recibido resultados negativos de las pruebas de COVID-19 ese mismo día.

En los últimos días, Beijing había vuelto a la normalidad. Más personas se quitaban las máscaras mientras se ejercitaban al aire libre. Los restaurantes aún tenían códigos QR para escanear y rastrear las condiciones de salud de los clientes, pero pocos lo aplicaban.

Guardias de seguridad aburridos tomaban la temperatura a quienes ingresaban a centros comerciales y complejos de apartamentos, sin molestarse en comprobar el resultado.

Esas restricciones ahora se han reforzado. El sábado por la tarde, los guardias impedían que los compradores ingresaran a un popular centro comercial e insistían en que, para hacerlo, debían mostrar los códigos QR verdes que demostraran su estado de salud. “¿No has oído hablar de los nuevos casos?”, le gritó un guardia a una joven que se resistía.

Las preocupaciones sobre la seguridad de los alimentos y el aumento de los precios crecieron, a medida que los expertos en salud se apresuran a responder si los alimentos congelados, los productos o los envases de comida pueden transmitir el coronavirus. Las noticias de que al menos uno de los casos confirmados sea un trabajador de un restaurante aumentaron la ansiedad. Varias otras ciudades han advertido a sus residentes que no visiten Beijing. “Hemos entrado en un período crítico”, afirmó Xu Hejian, portavoz del gobierno de la capital china, en una sesión informativa, este domingo.

Yang Peng, experto del Centro Chino para el Control y la Prevención de Enfermedades en Beijing, dijo en una entrevista con el canal estatal CCTV, el domingo por la noche, que una prueba de genoma completo de las infecciones por virus recientemente descubiertas indica que provenían “en dirección de Europa”.

La conclusión inicial de los expertos chinos fue que hubo transmisión importada en el mercado, agregó, aunque el camino exacto seguía sin estar claro.

Podría haber sido una contaminación en los mariscos o la carne, o la transmisión a través de gotas respiratorias de sujetos que ingresaron al mercado, añadió Yang. La evidencia mostró que la transmisión de persona a persona tuvo lugar en el mercado, dijo, pero también es posible la infección por el toque de superficies.

La mayoría de las muestras positivas tomadas en el mercado surgieron del sótano de los edificios de intercambio de carnes y mariscos, añadió, un espacio cerrado, con menos circulación de aire.

La reaparición de un conjunto local de COVID-19 es un recordatorio crítico de que China, y la mayor parte del mundo, no deberían relajarse, porque no tenemos inmunidad colectiva, comentó Yang. “Sigue siendo un virus nuevo muy complicado, cuyas reglas no hemos captado con claridad. Nuestra inmunidad sigue siendo muy baja”, señaló. “Todavía debemos permanecer en modo de guerra”.

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